33. Y Abraham plantó un bosque. De aquí se deduce que a Abraham se le concedió más descanso después de entrar en el pacto de lo que había disfrutado hasta entonces; porque ahora comienza a plantar árboles, lo cual es señal de una morada tranquila y estable; pues nunca antes leímos que plantara un solo arbusto. Por lo tanto, vemos cuánto mejoró su condición porque se le permitió llevar (por así decirlo) una vida estable. La afirmación de que invocó el nombre del Señor la interpreto de la siguiente manera: instituyó de nuevo la solemne adoración a Dios, para testimoniar su gratitud. Por lo tanto, Dios, después de haber guiado a su siervo por caminos continuamente sinuosos, le concedió algún descanso en su extrema vejez. Y a veces así trata a su pueblo fiel, que después de haber sido sacudido por diversas tormentas, al fin les permite respirar libremente. En cuanto a invocar a Dios, sabemos que Abraham, dondequiera que iba, nunca descuidaba este deber religioso. Ni los peligros le impedían profesar ser adorador del Dios verdadero; aunque, por ello, resultaba odioso para sus vecinos. Pero a medida que aumentaban sus comodidades para habitar en la tierra, se volvía más valiente en profesar la adoración a Dios. Y porque ahora vivía más seguro bajo la protección del rey, quizás deseaba dar testimonio abierto de que incluso esto lo recibía de Dios. Por la misma razón, parece que se le da el título de Dios eterno, como si Abraham quisiera decir que no había puesto su confianza en un rey terrenal y no estaba haciendo un pacto nuevo por el cual se apartaría del Dios eterno. La razón por la cual Moisés, mediante la figura de sinécdoque, da al culto a Dios el nombre de invocación, la he explicado en otro lugar. Por último, se dice aquí que Abraham moró en esa tierra en la que, sin embargo, tenía una morada estable; de donde aprendemos que su mente no estaba tan fija en este estado de reposo como para impedirle considerar lo que había oído antes de boca de Dios, que él y su descendencia serían extranjeros hasta el transcurso de cuatrocientos años.

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