1. Y hubo una hambruna. Moisés relata que Isaac fue juzgado por casi el mismo tipo de tentación que por la que su padre Abraham había pasado dos veces. Antes he explicado cuán severo y violento fue este asalto. La condición en que era la voluntad de Dios colocar a sus siervos, como extraños y peregrinos en la tierra que había prometido darles, parecía lo suficientemente problemática y difícil; pero parece aún más intolerable, que apenas los hizo existir (si podemos hablar así) en este tipo de vida errante, incierta y cambiante, pero casi los consumió de hambre. ¿Quién no diría que Dios se olvidó de sí mismo, cuando ni siquiera suministró a sus propios hijos, a quienes había recibido con especial cuidado y confianza, aunque con poca comida? Pero Dios probó así a los santos padres, para que se nos enseñara, por su ejemplo, a no ser afeminados y cobardes ante las tentaciones. Respetando los términos aquí usados, podemos observar que, aunque hubo dos temporadas de escasez en el tiempo de Abraham, Moisés alude solo a la única, de la cual el recuerdo fue más reciente. (36)

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