13. Como hombre (224) a quien consuela su madre. Es maravilloso que el Profeta, que parecía haber hablado lo suficiente sobre esta renovación, se aferra tanto a ella. Pero, debido a que no puede expresar la grandeza y el calor del amor que Dios tiene hacia nosotros, ni tampoco satisface hablar de ello, por eso lo menciona y lo repite con frecuencia.

Y tendrás consuelo en Jerusalén. Hay dos formas de explicar esto. Se puede decir que los creyentes tendrán corazones alegres cuando vean la Iglesia restaurada; o, que la Iglesia, después de haber sido restaurada, deberá cumplir con su deber al alegrar a sus hijos. Prefiero la última interpretación, aunque cualquiera de ellos es admisible. La primera parece ser una interpretación más rica; pero debemos considerar lo que quiso decir el Profeta, y no lo que pensamos que es lo más hermoso. En primer lugar, de hecho, hace de Dios el autor de la alegría, y con justicia; pero, en segundo lugar, agrega que Jerusalén es su sirvienta. Pero esto no está dirigido a los burladores irreligiosos, que no se sienten conmovidos por ninguna solicitud sobre la Iglesia, sino a aquellos que, con celo santo, declaran que son sus hijos.

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