1 Y el Señor dijo a Aarón: Tú y tus hijos. Con este llamamiento solemne, Dios incita a los sacerdotes a dedicarse a su deber con la mayor fidelidad y celo, porque declara que si se debe hacer algo contrario a los requisitos de la religión, se los debe considerar culpables, ya que se dice para "soportar la iniquidad del santuario" que sostiene el crimen y el castigo de todas sus contaminaciones. Dios haría que el santuario se mantuviera alejado de toda mancha y defecto; y también la dignidad del sacerdocio debía mantenerse en castidad y pureza; por lo tanto, se impuso una pesada carga sobre los sacerdotes cuando se les impuso las cosas sagradas como sus guardianes, con la condición de que si se hacía algo mal estarían expuestos al castigo, porque la culpa recaía en ellos; tal como si Dios hubiera dicho que solo la negligencia equivalía a sacrilegio. Por lo tanto, su honor, aunado con tanta dificultad y peligro, no debía ser envidiado.

De esta manera, Dios les advirtió que los ritos legales no tenían importancia insignificante, ya que él se vengó severamente de todas las profanaciones de ellos; pues así era fácil deducir que se debía buscar algo mucho más excelente y completamente divino en estos elementos terrenales. Esto también puede aplicarse espiritualmente de manera muy apropiada a todos los pastores, a quienes se les atribuye la culpa justamente, si la religión y la santidad de la adoración de Dios se corrompen, si la pureza de la doctrina se ve afectada, si el bienestar de las personas está en peligro, ya que el cuidado de todos estos se les confían cosas.

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