Pero, en verdad, Dios me ha escuchado y con ello ha dado testimonio de mi integridad para mi propio consuelo y la vindicación de mi carácter contra todos mis falsos acusadores. Bendito sea Dios, que no echó de sí mi oración O, rechazada , o removido desde su vista y audiencia; pero lo ha recibido y concedido en gracia, lo cual atribuyo a su infinita bondad, y no al mérito de mi propia justicia; ni su misericordia de mí. A lo cual, y no a ninguna dignidad mía, debo mi aceptación con él y la respuesta de mis oraciones.

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