En el octavo mes, Zacarías comienza su profecía con una exhortación al pueblo a convertirse al Señor y no imitar la terquedad de sus antepasados. Tres meses después, Zacarías 1:7 el Señor hizo que se le apareciera un ángel a caballo en medio de un mirto, parado a la orilla de un río. Varios otros ángeles se acercan al primero y le informan que todo el país estaba en paz y abundaba en habitantes. Desde allí aprovecha la ocasión para rogar al Señor que tenga compasión de las ciudades de Judá.

El Señor le da una respuesta amable y cómoda, y cumple con su pedido. Entonces el profeta vio cuatro cuernos, Zacarías 1:18 y cuatro hombres que iban a romperlos con martillos; y se le dijo que estos cuatro cuernos denotaban tantos poderes que habían oprimido a su pueblo; sino que había llegado el momento en que serían derribados y despedazados. Ver Calmet.

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