Significado. Cuando Dios cumple su palabra de salvación, el pueblo redimido responde creyendo y cantando; la fe que alaba es siempre fruto de la gracia que primero obra.

Contexto. El Salmo 106 es un salmo histórico, probablemente compuesto en el período del exilio o posexilio, que recita la larga historia de Israel como una confesión nacional de pecado y una celebración del «hesed» perseverante de Dios. El versículo 12 se sitúa justo después del paso del mar Rojo (vv. 9-11), recordando a Israel cómo el Señor secó las aguas y ahogó a sus enemigos. Sus destinatarios son los hijos del pacto, llamados a recordar que su existencia depende enteramente de la fidelidad divina.

Explicación. El texto dice: «Entonces creyeron a sus palabras y cantaron su alabanza». El verbo «creyeron» (he. 'aman) es el mismo que se usa de Abraham en Génesis 15:6, vinculando la respuesta de Israel a la fe justificadora. Aquí la fe no precede a la liberación, sino que la sigue: Dios actúa soberanamente al partir el mar, y solo entonces el pueblo cree. Esto ilustra el orden reformado de la salvación: la obra eficaz de Dios produce la respuesta del corazón. La alabanza (el cántico de Éxodo 15) brota como efecto, no como causa, de la redención. El matiz pactual es agudo, pues el versículo siguiente lamenta que «bien pronto olvidaron sus obras»: la fe que no es sostenida por la gracia perseverante se desvanece, mostrando que toda permanencia es don de Dios.

Referencias relacionadas. Éxodo 14:31 narra el mismo momento: «creyó al Señor y a Moisés su siervo». Éxodo 15 recoge el cántico que aquí se evoca. Génesis 15:6 conecta el creer con la justificación. Romanos 10:17 enseña que «la fe es por el oír», y Filipenses 1:6 asegura que quien comenzó la buena obra la perfeccionará.

Aplicación práctica. El creyente debe reconocer que su fe y su adoración no son méritos propios, sino respuestas suscitadas por la gracia. Como Israel, somos propensos a creer en el momento del rescate y olvidar poco después; por eso necesitamos cultivar la memoria del evangelio, recordando diariamente lo que Cristo hizo en la cruz, nuestro verdadero paso por el mar. La alabanza sincera nace de contemplar las obras de Dios, no de fabricar emociones.

Para reflexionar. ¿Mi adoración brota de recordar y creer lo que Dios ya hizo en Cristo, o intento producirla con mis propias fuerzas?

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