Salmo 106:22
Significado. Las maravillas de Dios en favor de su pueblo exigen una memoria agradecida; olvidarlas es el primer paso de la apostasía del corazón.
Contexto. El Salmo 106 cierra el cuarto libro del Salterio y es una confesión nacional de Israel. Aunque anónimo, la tradición lo asocia al culto postexílico, cuando el pueblo, disperso o restaurado, repasa su historia para reconocer que sus calamidades brotaron de su pecado, no de la infidelidad de Dios. Los versículos 7-12 recuerdan el éxodo y el paso del mar Rojo; el v. 22 forma parte de ese relato, describiendo las «maravillas en la tierra de Cam» y los «hechos portentosos junto al mar Rojo» que los padres pronto olvidaron.
Explicación. «Maravillas en la tierra de Cam» señala las plagas sobre Egipto (Cam, padre de Mizraim, Génesis 10:6), y «cosas portentosas junto al mar Rojo» apunta a la liberación culminante. El acento del salmista no recae en el poder de Israel sino en la obra soberana de Dios, quien redime «por amor de su nombre, para manifestar su poderío» (v. 8). Desde la perspectiva reformada, esto es gracia pura: Dios actúa por su libre voluntad, no por mérito de un pueblo que «no entendió» y «se rebeló» (v. 7). El verbo implícito que gobierna estos versículos es «olvidaron» (v. 13): el olvido de las obras de Dios es la raíz teológica del pecado. Aquí vemos la doctrina pactual: Dios cumple fielmente lo prometido a Abraham, mientras el hombre, aun redimido, persiste corrupto sin la gracia preservadora.
Referencias relacionadas. Éxodo 14:21-31 narra el portento del mar; Salmos 78:11-12 repite el tema del olvido; Deuteronomio 6:12 advierte: «no te olvides de Jehová, que te sacó de Egipto». El Nuevo Testamento eleva la figura: el éxodo prefigura la redención mayor en Cristo (Lucas 9:31, donde Él habla de su «éxodo» en Jerusalén), y 1 Corintios 10:1-4 lee el mar Rojo como tipo del Salvador.
Aplicación práctica. El creyente moderno repite el pecado de Israel cuando, tras experimentar la liberación del pecado en la cruz, vive como si nada hubiera ocurrido. Cultivar la memoria de las «maravillas» de Dios —en la Escritura, en la Cena del Señor, en el testimonio de su providencia— es disciplina espiritual indispensable. La gratitud no es opcional ni sentimental: es la respuesta pactual a una redención que no merecimos. Recordar lo que Dios hizo en el Calvario nos guarda de la ingratitud que conduce a la rebeldía.
Para reflexionar. ¿Qué «maravillas» concretas de la gracia de Dios en tu vida estás en peligro de olvidar, y cómo podrías grabarlas hoy en tu memoria agradecida?