Significado. Israel se unció al ídolo de Baal-peor y comió de los sacrificios ofrecidos a los muertos; la apostasía nace cuando el corazón se entrega a lo que no es Dios. La gracia soberana sostiene al pacto aun cuando el pueblo lo profana.

Contexto. El Salmo 106 es un salmo histórico-penitencial, compuesto para la asamblea de Israel, probablemente en tiempos del exilio o posexilio. El salmista repasa la historia nacional como una larga cadena de rebeliones contra la misericordia de Yahvé. El versículo 28 evoca el episodio de Números 25, cuando el pueblo, ya cerca de la tierra prometida, se prostituyó con las hijas de Moab y rindió culto a Baal-peor.

Explicación. La expresión «se unieron a» (en hebreo, tsamad) sugiere quedar uncidos como un buey al yugo; el pueblo se ató voluntariamente a un dios falso. «Comieron los sacrificios de los muertos» señala banquetes idolátricos asociados a divinidades sin vida, en abierto desprecio del Dios vivo. Desde la perspectiva reformada, este texto revela la profundidad de la corrupción humana: el corazón es, como decía Calvino, «una fábrica de ídolos». La idolatría no es un mero error externo, sino la expresión de una naturaleza caída que, dejada a sí misma, siempre prefiere la criatura al Creador. Que el pacto no se rompa del todo se debe únicamente a la fidelidad soberana de Dios, no al mérito del pueblo.

Referencias relacionadas. El relato base está en Números 25:1-9, y Pablo lo invoca como advertencia en 1 Corintios 10:8. Oseas 9:10 recuerda Baal-peor como símbolo de vergüenza. El llamado a no contaminarse con la mesa de los demonios aparece en 1 Corintios 10:20-21, y la raíz idolátrica del corazón se expone en Romanos 1:21-25.

Aplicación práctica. La idolatría contemporánea rara vez levanta altares de piedra; se esconde en aquello que ocupa el trono del afecto: el dinero, el éxito, la imagen propia. Examina qué «mesa» frecuentas y a qué te has «uncido» en secreto. La santidad no se logra por esfuerzo aislado, sino apoyándose en Cristo, quien rompió el yugo del pecado y nos une a sí mismo. Acude a los medios de gracia (la Palabra, la oración, la Cena del Señor) como antídoto contra el adormecimiento espiritual.

Para reflexionar. ¿A qué te has «uncido» calladamente, de modo que comparte tu lealtad con el Dios vivo, y qué paso concreto tomarás hoy para volver a Él?

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