Salmo 113:3
Significado. Desde el amanecer hasta el ocaso, en todo lugar y en todo tiempo, el nombre del Señor merece ser alabado, porque su gloria no tiene fronteras ni límites.
Contexto. El Salmo 113 abre la colección conocida como el «Hallel egipcio» (Salmos 113-118), cantada por Israel en las grandes fiestas, especialmente en la Pascua. Aunque su autor humano es anónimo, fue inspirado por el Espíritu para el culto del pueblo del pacto. En medio de un pueblo oprimido y a menudo tentado a dudar de la presencia de Dios, este himno convoca a los siervos del Señor a engrandecer su nombre, recordándoles que el Dios que se sienta en lo alto también se inclina para mirar a los humildes.
Explicación. La expresión «desde el nacimiento del sol hasta donde se pone» abarca tanto el tiempo (todo el día) como el espacio (toda la tierra). El verbo central, «sea alabado», está en una forma que expresa un deseo y a la vez un decreto: la alabanza al nombre divino no es opcional, sino el fin para el cual existe la creación. Desde una lectura reformada, este versículo proclama la soberanía universal de Dios: su gloria no queda confinada a Israel, sino que reclama el reconocimiento de todas las naciones. El «nombre» del Señor representa su carácter revelado, su ser mismo dándose a conocer. Y si toda la tierra ha de alabarle, es porque Dios, en su libre y eterno propósito, determinó manifestar su gloria en todo el orbe, anticipando la reunión de un pueblo de toda lengua y tribu.
Referencias relacionadas. Malaquías 1:11 anuncia que «desde donde el sol nace hasta donde se pone» el nombre de Dios será grande entre las naciones. El Salmo 50:1 emplea la misma imagen geográfica para convocar a la tierra. Isaías 45:6 declara que todos sabrán que no hay otro Dios. En el Nuevo Testamento, Filipenses 2:10-11 muestra el cumplimiento cristocéntrico: toda rodilla se doblará ante Jesús, y Apocalipsis 5:9 contempla la alabanza redimida de todo pueblo.
Aplicación práctica. Este versículo desafía toda alabanza intermitente o limitada a un momento de la semana. Si el nombre del Señor merece honra del alba al ocaso, entonces el creyente está llamado a una vida de adoración continua: el trabajo, la familia y el descanso quedan consagrados a su gloria. También nos libra del provincianismo espiritual: como el Dios soberano reina sobre todas las naciones, su iglesia debe orar y trabajar por la difusión del evangelio hasta los confines de la tierra, confiando en que él edificará su pueblo.
Para reflexionar. Si Dios merece ser alabado en cada hora y en cada rincón de la tierra, ¿qué áreas de mi día y de mi corazón todavía no he rendido conscientemente a su gloria?