Significado. «Vendrán y anunciarán su justicia; a pueblo no nacido aún, dirán que él hizo esto». El salmo que comenzó en abandono culmina en proclamación: la obra soberana de Dios se predicará a generaciones que todavía no existen.

Contexto. El Salmo 22 es atribuido a David y pertenece al Salterio, libro de alabanzas de Israel. Nace de una angustia extrema, pero su lenguaje desborda toda experiencia humana y apunta proféticamente al Mesías. Tras el clamor del versículo inicial, citado por Cristo en la cruz, el salmo gira hacia la liberación y la adoración universal. Este versículo final cierra el cántico mirando hacia el futuro: la congregación de los redimidos se extiende a los pueblos y a las edades por venir.

Explicación. El verbo «vendrán» señala a quienes aún no han nacido; ellos serán alcanzados por el anuncio de la «justicia» de Dios, su tsedaqah, su fidelidad salvadora que vindica al justo y rescata al desamparado. La frase «que él hizo esto» (en hebreo, sencillamente «que él lo hizo») recuerda al «consumado es» de Juan 19:30: la salvación es enteramente obra de Dios, no logro humano. Aquí brilla la doctrina reformada de la gracia: el sujeto activo es siempre el Señor. La transmisión de generación en generación revela el carácter pactual de la salvación, que Dios extiende a los hijos y a los pueblos según su libre y soberano propósito.

Referencias relacionadas. El cumplimiento mesiánico se ve en Hebreos 2:12, que cita este mismo salmo poniéndolo en labios de Cristo. La proclamación a las naciones resuena en Mateo 28:19 y en Isaías 53:10-11, donde el Siervo «verá descendencia». La justicia anunciada es la misma de Romanos 1:16-17, el evangelio como poder de Dios para salvación.

Aplicación práctica. Este versículo funda la misión y la catequesis en la soberanía divina, no en nuestra elocuencia. Somos llamados a anunciar a hijos y vecinos lo que Dios «hizo» en Cristo, confiando en que él reúne a su pueblo de toda generación. Tu testimonio hoy puede ser el eslabón que alcance a quienes aún no nacen.

Para reflexionar. ¿Estoy transmitiendo fielmente a la próxima generación la obra consumada que Dios «hizo» en la cruz?

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