Significado. El creyente no se basta a sí mismo: clama que el Dios soberano le enseñe su camino y lo conduzca por sendas rectas, porque la santidad es tanto don como tarea.

Contexto. El Salmo 27 es atribuido a David, probablemente compuesto en un tiempo de hostilidad y persecución, cuando enemigos y aun la posibilidad del abandono familiar lo rodeaban (v. 2-3, 10). Tras declarar al Señor como su luz, salvación y fortaleza, y tras expresar su anhelo de habitar en la casa de Jehová, David pasa de la confianza serena a la súplica urgente. El versículo 11 se dirige originalmente al pueblo de Israel bajo el pacto, pero pertenece a toda la iglesia que peregrina entre adversarios.

Explicación. «Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos». El verbo «enséñame» (en hebreo, instruir como a un discípulo) reconoce que el hombre caído no conoce por sí mismo la voluntad de Dios; necesita revelación e iluminación interior del Espíritu. «Tu camino» no es una técnica de éxito, sino la senda revelada en la Palabra que conduce a la comunión con Dios. La petición de ser guiado «por senda de rectitud» confiesa que la perseverancia del santo es obra de la gracia que preserva, no del esfuerzo autónomo. La frase «a causa de mis enemigos» (literalmente, de quienes acechan) muestra que David teme tropezar y dar ocasión de oprobio al nombre de Dios; su mayor preocupación no es la venganza sino la fidelidad.

Referencias relacionadas. El clamor resuena con el Salmo 25:4-5 («muéstrame tus caminos») y el Salmo 143:10. La promesa de Dios de instruir aparece en Salmos 32:8 e Isaías 48:17. Cristo es el cumplimiento: Él mismo es «el camino» (Juan 14:6), y el Padre nos guía por su Espíritu (Romanos 8:14). La rectitud pedida halla su fundamento en la justicia imputada por la fe (Filipenses 3:9).

Aplicación práctica. Este versículo nos enseña a comenzar cada decisión no con nuestros planes sino con oración por dirección divina. Frente a la oposición, la tentación es responder con astucia carnal o resentimiento; el creyente reformado, en cambio, pide ser conducido por sendas rectas, sabiendo que su testimonio honra o deshonra a Dios ante los que observan. Confiemos en que el mismo Señor que comenzó la buena obra la perfeccionará, y busquemos su voluntad en la Escritura con corazón enseñable.

Para reflexionar. ¿Pido a Dios que me enseñe su camino antes de trazar el mío, o solo le pido que bendiga las sendas que yo ya elegí?

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