Significado. El amor a Dios no es sentimentalismo, sino fidelidad de quienes han sido preservados por Él; por eso el salmista convoca a todos los santos a amar al Señor que guarda a los fieles y retribuye al soberbio.

Contexto. Salmos pertenece al libro de alabanzas de Israel, y este salmo lleva el encabezado «de David». David lo compone en medio de la angustia, perseguido y rodeado de enemigos, mezclando lamento y confianza. El versículo 23 cierra el salmo con una exhortación dirigida no ya a Dios, sino a la comunidad de los creyentes, los «santos» o consagrados del Señor, invitándolos a aprender de la experiencia personal del salmista.

Explicación. El imperativo «Amad al Señor» se funda en lo que Dios es y hace: «guarda a los fieles». El término hebreo para «fieles» (de la raíz que designa el amor pactual, jésed) describe a quienes participan de la lealtad del pacto, no por mérito propio, sino porque Dios primero los ha amado. Desde una lectura reformada, este amar es respuesta, fruto de la gracia preveniente: amamos porque Él nos amó primero. La segunda mitad del versículo afirma la justicia retributiva de Dios, que «paga con abundancia al que procede con soberbia». La soberanía divina sostiene tanto la preservación de los suyos como el juicio de los altivos, sin contradicción.

Referencias relacionadas. El llamado a amar a Dios resuena en Deuteronomio 6:5 y en Mateo 22:37. La preservación de los fieles se conecta con Juan 10:28-29, donde Cristo asegura que nadie arrebatará sus ovejas. El juicio al soberbio halla eco en Santiago 4:6 y 1 Pedro 5:5: «Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes». La fidelidad guardadora del Señor se canta también en Salmos 37:28.

Aplicación práctica. En tiempos de adversidad, el creyente no debe medir el amor de Dios por sus circunstancias, sino por su pacto inquebrantable. Amar al Señor implica perseverar confiando en que Él guarda a los suyos hasta el fin. Frente a la tentación del orgullo —confiar en nuestras fuerzas o méritos— recordemos que la humildad es el suelo donde florece la gracia. La comunidad de fe está llamada a animarse mutuamente, como David anima a los santos, a descansar en la fidelidad de Dios.

Para reflexionar. ¿Estoy descansando en la fidelidad guardadora de Dios, o he puesto mi confianza en la soberbia de mis propias fuerzas?

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