Significado. «Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos»: la creación entera brotó del mero decreto soberano de Dios, sin esfuerzo, sin materia previa, sin colaborador alguno.

Contexto. El Salmo 33 es un himno anónimo de alabanza que invita a los justos a regocijarse en el Señor con instrumentos y cántico nuevo. Compuesto para el culto de Israel, celebra los atributos de Dios: su palabra recta, su justicia y su poder creador. Los versículos 6 y 7 fundamentan la confianza del pueblo del pacto en la grandeza del Creador, mostrando que el mismo Dios que hizo los cielos gobierna la historia de las naciones y guarda a los suyos.

Explicación. El versículo emplea un paralelismo característico: «por la palabra del Señor» corresponde a «por el aliento de su boca». Aquí resuena Génesis 1: Dios dijo y fue hecho. El término hebreo «davar» (palabra) subraya que la creación es acto verbal, eficaz y soberano; no hay esfuerzo demiúrgico, sino decreto que se cumple infaliblemente. La mención del «aliento» (ruaj) ha sido leída por la tradición reformada como insinuación del Espíritu que aleteaba sobre las aguas, abriendo la lectura trinitaria. Calvino veía aquí la doctrina de la creación «ex nihilo», testimonio del poder libre de Dios, que obra «todo según el designio de su voluntad». El «ejército» de los cielos —los astros— no son deidades a temer, sino siervos hechos por mandato.

Referencias relacionadas. Génesis 1:3 («Sea la luz, y fue la luz»); Juan 1:1-3, donde el Verbo eterno es el agente de toda creación; Salmos 148:5; Hebreos 11:3 («por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios»); 2 Pedro 3:5; Colosenses 1:16. Todas confirman que el Cristo preexistente es esa Palabra creadora.

Aplicación práctica. Si el simple decir de Dios bastó para suspender las galaxias, ningún temor, enfermedad ni adversidad excede su poder. El creyente descansa: el Dios que habló los cielos también habla salvación en Cristo y sostiene cada momento de nuestra vida. Tal verdad humilla nuestra autosuficiencia y dirige la adoración al único soberano. Frente a la ansiedad por el futuro, recordemos que cuanto existe pende de su palabra fiel, y esa misma palabra ha prometido completar la obra de gracia que comenzó en nosotros.

Para reflexionar. Si la palabra de Dios fue suficiente para crear los cielos de la nada, ¿confío de veras en que esa misma palabra basta para sostener, perdonar y transformar mi vida hoy?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad