Significado. El salmista, como padre espiritual, convoca a los suyos para enseñarles aquello que da forma a toda vida sabia: el temor del Señor. No es miedo servil, sino reverencia filial nacida del conocimiento del Dios que salva.

Contexto. El Salmo 34 es un salmo acróstico atribuido a David, compuesto, según el título, cuando fingió locura ante Abimelec y fue despedido. Surge de una experiencia concreta de liberación: David, perseguido y desamparado, clamó y el Señor lo libró. Sus destinatarios son la congregación del pueblo del pacto, especialmente los humildes y afligidos que necesitan aprender a confiar en Dios en medio de la prueba.

Explicación. «Venid, hijos, oídme» es lenguaje de la tradición sapiencial: el creyente experimentado asume el papel de maestro. El verbo enseñar señala una instrucción deliberada y paciente, no un sentimiento espontáneo. El objeto de esa enseñanza es «el temor del Señor», expresión que en la Escritura resume la verdadera piedad. Desde una lectura reformada, este temor no es producto del esfuerzo humano, sino fruto de la gracia soberana que abre el corazón para reverenciar a Dios; es respuesta al Dios del pacto que primero se inclinó a librar a los suyos. David no enseña una técnica, sino que conduce a otros a conocer el carácter del Señor, fundamento de toda sabiduría.

Referencias relacionadas. «El principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Proverbios 9:10; Salmos 111:10). La instrucción de los padres en la fe aparece en Deuteronomio 6:6-7. La paternidad espiritual la retoma Pablo en 1 Corintios 4:15. Y el temor reverente que no excluye el amor se ilumina en Hebreos 12:28-29, donde servimos a Dios «con temor y reverencia».

Aplicación práctica. La fe se transmite; no se hereda por inercia. Quienes han probado y visto que el Señor es bueno tienen el deber gozoso de enseñar a los más jóvenes y nuevos en la fe, no solo doctrinas abstractas, sino el temor reverente que reconoce a Dios como soberano y bondadoso. En el hogar, en la iglesia y en el discipulado, hemos de hablar deliberadamente de quién es Dios, recordando que es Él quien produce ese temor en el corazón. Nuestra tarea es ser fieles instrumentos.

Para reflexionar. ¿A quién estás enseñando, con palabras y con tu vida, lo que significa temer reverentemente al Señor que te ha librado?

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