Significado. El Señor se ríe del malvado porque, en su soberanía eterna, ve llegar el día del juicio que el impío niega. La burla de Dios no es crueldad, sino la certeza absoluta de que la prosperidad del injusto tiene fecha de caducidad fijada por el Juez de toda la tierra.

Contexto. El Salmo 37 es un salmo sapiencial atribuido a David, compuesto en forma de acróstico alfabético hebreo. Escrito desde la madurez del rey («fui joven, y he envejecido», v. 25), instruye al pueblo del pacto que sufre al contemplar la aparente impunidad y abundancia de los inicuos. Los destinatarios son los justos tentados a envidiar al malvado y a perder la confianza en la providencia de Dios.

Explicación. El verbo «se reirá» (sajaq) presenta una imagen antropomórfica audaz: Dios contempla los planes del impío contra el justo desde su trono inconmovible. La cláusula clave es «porque ve que viene su día»; ese «día» (yom) es el tiempo señalado del juicio divino, decretado eternamente. Desde la perspectiva reformada, esto revela la soberanía absoluta de Dios sobre la historia: nada escapa a su decreto, y el aparente triunfo del impío está ya sentenciado. La risa divina expresa el dominio sereno del Todopoderoso, que no se inquieta ante la insolencia de la criatura, pues el resultado pertenece a quien gobierna todas las cosas según el consejo de su voluntad.

Referencias relacionadas. Esta risa soberana resuena en el Salmo 2:4, donde Dios se burla de las naciones que conspiran contra su Ungido, anticipando el reinado de Cristo. Compárese también con Proverbios 1:26, Lucas 12:20 y 2 Tesalonicenses 1:6-9, donde el «día» del juicio recibe pleno desarrollo en la venida del Señor Jesús, Juez de vivos y muertos.

Aplicación práctica. Cuando contemplamos el éxito de quienes desprecian a Dios, somos tentados a la envidia, a la amargura o a dudar de su justicia. Este versículo nos ancla en la providencia: lo que vemos no es el final de la historia. Confía en que el mismo Dios que ríe ante la arrogancia del malvado vela por sus elegidos con paciencia. Descansa en la cruz, donde el «día» del juicio cayó sobre Cristo por nosotros, y deja la retribución en manos del Juez justo.

Para reflexionar. ¿Vives inquieto comparándote con los que prosperan sin Dios, o descansas en la certeza de que el Señor gobierna soberanamente cada «día» de la historia, incluido el tuyo?

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