Significado. Los impíos desenvainan la espada contra el pobre y el justo, pero su violencia se vuelve, por la providencia soberana de Dios, contra ellos mismos.

Contexto. El Salmo 37 es un salmo sapiencial atribuido a David, compuesto como un acróstico alfabético que instruye al pueblo del pacto sobre cómo vivir ante la aparente prosperidad de los malvados. Dirigido a creyentes tentados a la envidia y a la impaciencia, el salmo exhorta a confiar en el Señor y a no encolerizarse ante el éxito momentáneo de los inicuos. El versículo 14 forma parte de una serie de cuadros que contrastan el destino final del justo y del impío bajo el gobierno providencial de Dios.

Explicación. El verbo «desenvainar la espada» y «entesar el arco» describe una hostilidad premeditada: los impíos no actúan por accidente, sino que arman deliberadamente sus instrumentos de muerte. Sus blancos son los «pobres y menesterosos» y los «de recto proceder», es decir, los que carecen de poder humano y, sin embargo, andan en integridad. Desde la perspectiva reformada, este versículo revela la radical enemistad del corazón no regenerado contra los hijos de Dios (Génesis 3:15). Pero el lector debe leerlo a la luz del versículo siguiente: la misma espada penetrará en el propio corazón del agresor. Aquí brilla la soberanía de Dios, que gobierna incluso la maldad para que se autodestruya, sin que Él sea autor del pecado. El justo no necesita vengarse, porque el Señor reina sobre todos los designios humanos.

Referencias relacionadas. El principio de que la violencia recae sobre quien la maquina aparece en Salmos 7:15-16 y Salmos 9:15-16. La protección del pobre y del recto se afirma en Salmos 12:5 y Proverbios 22:22-23. La enemistad del mundo contra los justos alcanza su cumbre en Cristo, el Justo por excelencia, perseguido por los impíos (Hechos 3:14), y Romanos 12:19 reitera que la venganza pertenece al Señor.

Aplicación práctica. El creyente que sufre oposición, calumnia o agresión por causa de su integridad no debe responder con las mismas armas del mundo. Confiar en la justicia soberana de Dios libera del resentimiento y de la ansiedad. Cuando veamos a los poderosos oprimir a los débiles, recordemos que ninguna conspiración escapa al gobierno del Señor; a su tiempo, Él hará justicia. Esta esperanza nos sostiene para perseverar en el bien sin desmayar.

Para reflexionar. ¿Confío realmente en que la soberanía de Dios juzgará toda injusticia, o sigo tentado a tomar la venganza en mis propias manos?

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