Significado. La boca del justo no rebosa de palabras propias, sino de la sabiduría que Dios mismo derrama en él; «el corazón regenerado habla porque ha sido primero enseñado por la gracia».

Contexto. El Salmo 37 es un salmo davídico de carácter sapiencial, compuesto como un acróstico alfabético. David, ya anciano (v. 25), lo dirige a los creyentes tentados a envidiar la aparente prosperidad de los impíos. Frente a la angustia del pueblo de Dios, el salmo no ofrece especulación, sino exhortaciones serenas a confiar, esperar y callar ante el Señor, recordando que el destino final del justo y del malvado está fijado por la providencia soberana.

Explicación. El versículo describe el fruto visible de la regeneración: «La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia». El término hebreo para sabiduría (jokmá) no designa mera inteligencia, sino el temor de Dios obrando en la conducta; y «justicia» (mishpat) apunta al juicio recto conforme a la ley divina. Desde la perspectiva reformada, esto no es una autoafirmación del hombre natural, pues «no hay justo, ni aun uno» (Romanos 3:10). El justo del salmo lo es por imputación y por la santificación progresiva que el Espíritu obra en los elegidos. Su lengua delata el manantial interior: lo que el corazón ha recibido por gracia, la boca lo proclama. Calvino observa que la verdadera piedad no permanece muda, sino que se traduce en palabras edificantes y juicios conformes a la voluntad de Dios.

Referencias relacionadas. Compárese con «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12:34) y con el contraste entre los frutos del Espíritu y de la carne (Gálatas 5:22-23). La ley en el corazón del justo (v. 31) anticipa la promesa del nuevo pacto: «pondré mi ley en su mente» (Jeremías 31:33; Hebreos 8:10). Cristo, la Sabiduría encarnada (1 Corintios 1:30), es el Justo por excelencia cuyas palabras eran espíritu y vida (Juan 6:63).

Aplicación práctica. Nuestro hablar revela aquello que verdaderamente habita en nosotros. Si la lengua se enciende con murmuración, envidia o calumnia, conviene examinar el corazón antes que la boca. El creyente está llamado a alimentar su interior con la Palabra, de modo que de él broten consejo sabio, consuelo y justicia. En medio de una cultura saturada de discursos vacíos, el cristiano honra a Dios pesando sus palabras y dejando que la gracia recibida fluya hacia los demás.

Para reflexionar. ¿Qué revela tu manera habitual de hablar acerca del tesoro que guardas en el corazón?

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