Significado. El dolor más agudo del afligido no siempre es la enfermedad, sino la soledad de verse abandonado por aquellos que debían acompañarlo. Dios permite ese desamparo para que el alma aprenda a esperar solo en Él.

Contexto. El Salmo 38 es atribuido a David y figura entre los salmos penitenciales. Es una oración «para recordar», es decir, una súplica nacida del peso del pecado y de una aflicción física que David interpreta como disciplina paternal del Señor. El rey se presenta cubierto de llagas, agobiado, casi sin fuerzas, y describe cómo su quebranto ha alejado a quienes lo rodeaban. El versículo 11 retrata el abandono social que acompaña su sufrimiento, dirigido a un pueblo creyente que conoce tanto la santidad de Dios como el desfallecimiento del corazón humano.

Explicación. «Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi plaga; y mis cercanos se pusieron lejos». La palabra traducida como «plaga» o «llaga» evoca un golpe enviado por la mano soberana de Dios, no un accidente del destino. Quienes amaban a David ahora lo esquivan, como si su dolor fuera contagioso o vergonzoso. Desde la perspectiva reformada, este versículo muestra que toda aflicción está bajo el gobierno providente del Señor, quien usa incluso el retiro de los hombres para vaciar al creyente de todo apoyo terrenal. El salmo no idealiza el sufrimiento ni acusa injustamente a Dios; reconoce el pecado y, al mismo tiempo, clama en fe. Es un anticipo del Justo que sería abandonado por los suyos.

Referencias relacionadas. El abandono de los amigos resuena en Job 19:13-14 y en Salmos 88:18. Sobre todo, prefigura a Cristo, de quien «todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Mateo 26:56), y quien fue «despreciado y desechado entre los hombres» (Isaías 53:3). Romanos 8:35-39 responde declarando que nada nos separará del amor de Dios en Cristo.

Aplicación práctica. El creyente que atraviesa enfermedad, depresión o reproche descubre con frecuencia que los amigos se distancian. Esta experiencia, lejos de ser señal del rechazo divino, puede ser instrumento de la gracia para enseñarnos que solo el Señor es refugio inquebrantable. En lugar de amargarnos contra quienes nos fallan, llevemos la herida al trono de la gracia, recordando que Cristo conoció ese mismo desamparo y permanece fiel cuando todos se apartan.

Para reflexionar. Cuando los más cercanos se alejan en tu hora más oscura, ¿buscas refugio en la fidelidad de Dios o pones tu identidad en la aprobación de los hombres?

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