Significado. El versículo final del salmo es un estallido de adoración cósmica: el creyente exalta a Dios pidiendo que su gloria se manifieste «sobre toda la tierra», porque la salvación del justo culmina siempre en el engrandecimiento del Señor, no del hombre.

Contexto. El Salmo 57 lleva por título atribuirse a David «cuando huía de Saúl en la cueva». Es un mictam, un cántico nacido en el peligro extremo, mientras el rey ungido se escondía perseguido injustamente. El destinatario inmediato es el pueblo del pacto, invitado a contemplar cómo Dios libra a su siervo; pero el horizonte se ensancha hasta abarcar «los pueblos» y «las naciones» (v. 9), anticipando la dimensión universal del reino mesiánico.

Explicación. La frase «Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria» repite como estribillo el clamor del verso 5, cerrando el salmo con la misma nota con que se elevó la oración. El término hebreo para «exaltado» (rum) pide que Dios sea reconocido en la altura que le corresponde por derecho propio; no se le añade gloria, sino que se anhela que su gloria intrínseca resplandezca y sea confesada. Aquí late el corazón reformado: la liberación de David no termina en David, sino en la soberanía manifiesta del Señor. La gracia que rescata al perseguido tiene como fin último la magnificación del Dios que rescata, de modo que toda salvación es, en su raíz, doxológica y para alabanza de la gloria de su gracia.

Referencias relacionadas. El estribillo reaparece en el Salmo 108:5, donde David vuelve a unir ambos cánticos. La aspiración de que la gloria de Dios llene la tierra resuena en Números 14:21, Isaías 6:3 y Habacuc 2:14. El Padrenuestro recoge el mismo orden teológico al pedir primero «santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9), y la consumación se contempla en Apocalipsis 11:15, cuando los reinos del mundo pasan a ser de nuestro Señor y de su Cristo.

Aplicación práctica. En medio de pruebas que nos arrinconan como a David en la cueva, nuestra oración madura no se detiene en el alivio personal, sino que asciende a desear que Dios sea glorificado en todo. Conviene examinar nuestras súplicas: ¿buscan solo nuestro bienestar, o que el nombre del Señor sea exaltado, sea cual sea el desenlace? El cristiano reformado vive coram Deo, persuadido de que su mayor consuelo es saber que el Dios soberano será glorificado y que esa gloria es también su salvación.

Para reflexionar. ¿Está tu corazón dispuesto a que Dios sea exaltado sobre toda la tierra aun cuando su gloria se manifieste por caminos distintos a los que tú habrías elegido?

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