Significado. En medio de la angustia, David aparta los ojos de su peligro y los fija en la gloria de Dios, declarando que el Señor reina sobre cielos y tierra y que su honra es el fin supremo de toda la creación.

Contexto. El Salmo 57 es un salmo davídico, según el título compuesto cuando David huía de Saúl y se refugió en una cueva (véase 1 Samuel 22 y 24). Dirigido al músico principal, es la oración de un siervo del Señor perseguido injustamente, rodeado de enemigos que él compara con leones. El versículo 5 funciona como un estribillo que se repite en el versículo 11, marcando el corazón del salmo y dividiéndolo entre la súplica y la alabanza confiada.

Explicación. «Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; sobre toda la tierra sea tu gloria.» El verbo «exaltado» (heb. rum) es una petición para que Dios manifieste su majestad por encima de toda criatura. Desde una lectura reformada, David no añade nada a la gloria intrínseca de Dios, que es perfecta y eterna; más bien pide que esa gloria sea reconocida y desplegada en la historia. La soberanía divina abarca «los cielos» y «toda la tierra», afirmando que ningún reino, ni el de Saúl ni el de las potencias hostiles, escapa de su dominio. La gloria de Dios, y no la liberación de David, es el fin último de la oración: aquí late el principio del soli Deo gloria.

Referencias relacionadas. El estribillo reaparece en Salmos 57:11 y resuena en Salmos 108:5. La preocupación por la gloria del nombre divino se ve en Salmos 8:1 y en la petición «santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9). Filipenses 2:9-11 muestra a Cristo exaltado sobre todo nombre, cumplimiento mesiánico de este anhelo; y la doxología de Romanos 11:36 confiesa que todo es «de él, por él y para él».

Aplicación práctica. Cuando la prueba nos rodea, la tentación es centrar la oración en nuestro rescate. David nos enseña a elevar primero la mirada a la gloria de Dios, hallando descanso en que Aquel que reina sobre los cielos también gobierna nuestra cueva. Orar «sea tu gloria» reordena nuestros deseos, somete nuestras peticiones a su voluntad soberana y nos libra del temor a los hombres, pues sabemos que ningún enemigo puede destronar al Rey eterno.

Para reflexionar. ¿Busco en mis oraciones, antes que mi propio alivio, que el nombre y la gloria de Dios sean exaltados sobre toda circunstancia de mi vida?

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