Significado. El salmista promete a Dios ofrendas costosas y abundantes, porque la verdadera gratitud no escatima nada ante quien ha mostrado un favor tan inmerecido.

Contexto. El Salmo 66 es un cántico de acción de gracias, atribuido en su título a la colección de los salmos del templo y entonado por toda la congregación de Israel. Tras invitar a las naciones a alabar a Dios por sus obras portentosas (vv. 1-12), el salmista pasa, en los versículos 13-15, a un voto personal e individual. Los destinatarios originales eran los adoradores reunidos en el santuario, quienes habían atravesado pruebas («nos probaste, oh Dios») y habían sido sacados a la abundancia. El versículo 15 detalla el cumplimiento del voto hecho en la angustia.

Explicación. El texto enumera holocaustos de animales engordados (carneros, becerros y machos cabríos) con el humo de su grasa ascendiendo al cielo. El término clave es el holocausto: la ofrenda que se consumía por entero, sin reservar porción alguna para el oferente. Reformadamente, esto apunta a la totalidad de la consagración: no se le da a Dios lo sobrante, sino lo mejor y lo entero. La grasa, considerada la parte más selecta, pertenecía siempre al Señor. Aquí late la lógica del pacto: Dios redime soberanamente a su pueblo de la prueba, y el redimido responde con adoración costosa. Sin embargo, el salmista no presume mérito; reconoce que toda ofrenda brota de la gracia previa que lo sostuvo.

Referencias relacionadas. El holocausto íntegro se prescribe en Levítico 1:3-9, y la grasa como porción del Señor en Levítico 3:16. La superación del sacrificio externo por la obediencia del corazón aparece en Salmos 51:16-17 y 1 Samuel 15:22. Todo holocausto halla su cumplimiento en Cristo, quien «se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios» (Hebreos 9:14) como sacrificio único y perfecto, haciendo cesar los animales del altar (Hebreos 10:10-14).

Aplicación práctica. El creyente, justificado solo por la fe en el sacrificio consumado de Cristo, no añade nada al altar para expiar pecados; pero sí está llamado a presentar su cuerpo «en sacrificio vivo» (Romanos 12:1). Cumplir los votos hechos en la prueba, ofrecer a Dios lo mejor del tiempo, los bienes y las fuerzas, y no contentarse con una piedad barata: esa es la respuesta agradecida de quien ha sido librado por pura gracia.

Para reflexionar. ¿Qué votos hiciste a Dios en medio de tu angustia, y le estás respondiendo ahora con una consagración entera o solamente con lo que te sobra?

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