Significado. El Dios soberano que cabalga sobre los cielos se inclina con ternura para ser «padre de huérfanos y defensor de viudas». Su majestad y su misericordia jamás se contradicen: reinan juntas.

Contexto. El Salmo 68 es atribuido a David y celebra la marcha triunfal de Dios al frente de su pueblo, probablemente vinculada al traslado del arca a Sion. Israel, redimido de Egipto y peregrino en el desierto, canta cómo el Señor de los ejércitos dispersa a sus enemigos y conduce a los cautivos a la libertad. En medio de esa procesión de poder, el versículo 5 revela el corazón del Rey: el mismo que vence en batalla habita en su «santa morada» como protector de los más frágiles.

Explicación. El texto presenta a Dios con dos títulos que en el antiguo Cercano Oriente correspondían al rey justo: padre de los sin padre y juez que hace justicia a la viuda. El término hebreo para «defensor» tiene matiz judicial: Dios mismo preside el tribunal a favor de quien no tiene quien lo represente. La cláusula «en su santa morada» es decisiva: no se trata de una bondad sentimental, sino de la justicia que brota de su santidad. Desde una lectura reformada, aquí vemos la gracia soberana que elige y socorre no por mérito del débil, sino por la libre voluntad del Dios trino. Su providencia no es fría: el Todopoderoso ordena todas las cosas y, dentro de ese gobierno, se compromete personalmente con los desamparados.

Referencias relacionadas. Deuteronomio 10:18 declara que Dios «hace justicia al huérfano y a la viuda»; Éxodo 22:22-24 advierte contra oprimirlos. Santiago 1:27 define la religión pura como visitar a huérfanos y viudas. El Salmo 146:9 y Oseas 14:3 repiten la promesa. Y en Juan 14:18 Cristo dice «no os dejaré huérfanos», cumpliendo en su persona la paternidad que este salmo anuncia.

Aplicación práctica. Si Dios se define como padre del desamparado, su iglesia no puede ser indiferente al sufrimiento del débil. Los redimidos, adoptados por gracia como hijos en Cristo, reflejan al Padre cuando acogen al solitario, al inmigrante, al anciano sin familia. Este versículo también consuela: cuando te sientes sin defensa ni respaldo humano, recuerda que tu causa está en manos del Juez que nunca pierde y que vela por ti con afecto paternal.

Para reflexionar. Si el Dios que cabalga sobre los cielos elige acercarse al huérfano y a la viuda, ¿a quién está llamando hoy tu corazón a defender y acoger en su nombre?

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