Significado. En medio del oprobio, el creyente clama a Dios para que se acerque y redima su alma; la cercanía del Señor es la única respuesta verdadera ante el escarnio de los enemigos.

Contexto. El Salmo 69 es atribuido a David y pertenece a los salmos de lamento individual más citados por el Nuevo Testamento. David se halla hundido en aguas profundas, aborrecido sin causa y sufriendo por celo de la casa de Dios. Sus destinatarios originales fueron la congregación de Israel, que aprendía a orar en la angustia; pero la Iglesia lee este salmo como prefiguración de Cristo, el Justo perseguido.

Explicación. El versículo dice: «Acércate a mi alma, redímela; líbrame a causa de mis enemigos». El verbo «acércate» (en hebreo, qarab) suplica la presencia activa de Dios, no una redención lejana sino personal e íntima. «Redímela» (ga'al) evoca al go'el, el pariente redentor que rescata por derecho y por amor; aquí Dios mismo es el Redentor de su pueblo. Desde la perspectiva reformada, esta redención no es mérito del orante sino don de la gracia soberana: Dios libra «a causa de mis enemigos», es decir, por su propia gloria y fidelidad pactual, no por la dignidad del suplicante. El alma desesperada descansa en la voluntad eficaz de Aquel que ha prometido salvar a los suyos.

Referencias relacionadas. El clamor «acércate» halla eco en Salmos 22:11 y 69:1-3, ambos mesiánicos. La redención del go'el aparece en Job 19:25 y Rut 4. Cristo, el Redentor definitivo, cumple este salmo en Juan 2:17 y Romanos 15:3, y su obra rescatadora se proclama en Tito 2:14 y 1 Pedro 1:18-19, donde somos comprados con su sangre preciosa.

Aplicación práctica. Cuando el alma se siente lejana de Dios y rodeada de adversidad, este versículo nos enseña a orar con franqueza: pedir que el Señor se acerque y redima. No fundamentamos nuestra esperanza en nuestras fuerzas ni en nuestra rectitud, sino en su gracia inmerecida y en la obra consumada de Cristo. El creyente reformado descansa sabiendo que su Redentor vive y que ningún enemigo puede arrancarlo de la mano del Padre.

Para reflexionar. ¿En qué áreas de tu vida sigues buscando redención en tus propios recursos, en lugar de clamar « acércate, Señor » y descansar enteramente en su gracia soberana?

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