Significado. El creyente confiesa que la mano de Dios lo ha sostenido desde antes de nacer, de modo que toda su existencia es trofeo de la gracia soberana y motivo de alabanza perpetua.

Contexto. El Salmo 71 es la oración de un siervo anciano, atribuido por la tradición a David en sus últimos años, aunque el texto permanece anónimo. Es un clamor frente a enemigos que lo acechan en la vejez (vv. 9-11), dirigido a los hijos del pacto que cantaban estos salmos en Israel. El versículo 6 forma parte de la apertura confiada, donde el orante repasa la fidelidad de Dios a lo largo de toda su vida para fundamentar su súplica presente.

Explicación. El salmista dice «en ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó». El verbo «sustentado» (heb. samakh) evoca un apoyo firme y permanente, no un favor momentáneo. La referencia al vientre materno subraya que la elección y el cuidado divinos preceden a toda obra o mérito humano, en plena consonancia con la doctrina reformada de la gracia que precede y obra antes que nosotros (Westminster, sobre la providencia que abarca aun la formación de la criatura). Dios no solo creó al orante, sino que lo «sacó» a la vida, gobernando soberanamente su origen. La respuesta natural a esta verdad es: «de ti será siempre mi alabanza», es decir, una vida entera convertida en doxología.

Referencias relacionadas. El lenguaje resuena con el Salmo 22:9-10 y el 139:13-16, donde Dios teje al ser humano en el seno materno. Pablo recoge la misma convicción en Gálatas 1:15, al hablar de quien lo «apartó desde el vientre» por pura gracia, y Jeremías 1:5 lo aplica al llamado profético. Todas estas conexiones apuntan a Cristo, el Siervo formado desde el vientre para la obra del Padre (Lucas 1:31-35).

Aplicación práctica. Quien reconoce que ha sido sostenido por Dios desde su concepción aprende a leer su biografía entera como historia de gracia, no de casualidad. Esto da consuelo en la ancianidad y en la prueba: el Dios que nos sostuvo cuando éramos indefensos no nos abandonará ahora. Cultiva la gratitud, desarma el orgullo de los logros propios y nos invita a vivir cada día como ofrenda de alabanza al Soberano que nos dio el ser.

Para reflexionar. Si tu vida entera ha sido sostenida por la mano de Dios desde antes de tu primer aliento, ¿de qué manera concreta puede tu jornada de hoy convertirse en alabanza a Él?

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