Significado. Cuando todo parece desmoronarse, el creyente no apela a su mérito ni a su fuerza, sino al pacto inquebrantable de Dios: «Mira el pacto», porque la fidelidad divina es el último y firme fundamento de la esperanza.

Contexto. El Salmo 74 es un lamento comunitario atribuido a Asaf, escrito ante la devastación del santuario, probablemente tras la destrucción de Jerusalén por Babilonia. El pueblo contempla las ruinas del templo, el silencio de los profetas y la aparente ausencia de Dios. En medio de ese clamor, el versículo 20 marca un giro: la oración deja de mirar las ruinas para volverse a la única base segura, el pacto que Dios mismo había establecido con su pueblo.

Explicación. El salmista ruega: «Mira el pacto; porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia». El término hebreo berit (pacto) remite al compromiso soberano y unilateral por el cual Dios se ligó libremente a su pueblo. Desde la perspectiva reformada, esto es decisivo: la apelación no descansa en la fidelidad del hombre, sino en la fidelidad de Dios a su propia palabra empeñada. Los «lugares tenebrosos» describen un mundo entregado a la violencia, donde el caos parece reinar; sin embargo, el creyente sabe que la oscuridad no anula el pacto. La gracia pactual es la razón por la cual Dios no abandona a los suyos pese a su pecado y a las circunstancias adversas.

Referencias relacionadas. Génesis 9:15 muestra a Dios «acordándose» de su pacto; Levítico 26:42 vincula el recuerdo del pacto con la restauración del pueblo. El Salmo 105:8 declara que Dios «se acordó para siempre de su pacto». Y todo ello halla su cumplimiento en Cristo, mediador del nuevo pacto en su sangre (Lucas 22:20; Hebreos 8:6), por quien las promesas son «Sí» y «Amén» (2 Corintios 1:20).

Aplicación práctica. En las temporadas más oscuras, cuando la violencia y la injusticia parecen llenar la tierra, el cristiano no funda su seguridad en lo que ve ni en lo que siente, sino en el pacto que Dios ha sellado en Cristo. Orar diciendo «mira el pacto» es recordar a Dios sus promesas, no porque las haya olvidado, sino porque así nuestra fe se aferra a lo inmutable. Esta es la oración del creyente perseguido, del que sufre y del que espera con paciencia la consumación del reino.

Para reflexionar. Cuando atravieso «lugares tenebrosos», ¿descanso mi esperanza en mi propia constancia o en la fidelidad pactual de Dios revelada en Cristo?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad