Significado. El Señor es por naturaleza bueno y perdonador, y derrama una misericordia abundante sobre todos los que lo invocan. La gracia no es una concesión arrancada a Dios, sino el desbordamiento espontáneo de su propio carácter.

Contexto. El Salmo 86 es atribuido a David y se titula «oración». Rodeado de enemigos y angustiado en su alma, el rey se vuelve a Dios no apelando a sus méritos, sino al carácter revelado del Señor. Como cántico inspirado del pueblo del pacto, fue destinado a sostener la fe de Israel en medio de la prueba, enseñándole a orar conforme a quién es Dios y no conforme a las apariencias de la aflicción.

Explicación. David apila tres atributos: Dios es «bueno» (tob), «perdonador» (sallah, término reservado casi exclusivamente al perdón divino) y «grande en misericordia» (rab-jésed, abundante en amor pactual). El versículo recoge el eco de Éxodo 34:6-7, la autorrevelación del nombre del Señor. Desde la perspectiva reformada, conviene notar que esta bondad alcanza «a todos los que te invocan»: la invocación misma es fruto de la gracia que regenera y atrae el corazón, de modo que el perdón no responde a una decisión autónoma del hombre, sino que el llamado sincero es señal de que Dios ya está obrando. La salvación brota de su soberana benevolencia.

Referencias relacionadas. Éxodo 34:6-7 ofrece la base de esta confesión; Salmos 103:8-12 amplía la grandeza del perdón; Lamentaciones 3:22-23 celebra las misericordias que nunca acaban; Romanos 10:12-13 retoma la promesa de que «todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo», cumplida en Cristo, en quien la bondad y la misericordia de Dios se manifiestan plenamente (Tito 3:4-5).

Aplicación práctica. Cuando la conciencia te acusa o la prueba te abruma, no fundamentes tu esperanza en tu desempeño ni en tu sentir, sino en el carácter inmutable de Dios. Acude a él tal como eres, invocándolo con sinceridad, porque su misericordia es mayor que tu pecado. Esta verdad humilla todo orgullo y a la vez consuela al alma quebrantada: el mismo Dios que perdona libremente es el que despierta en nosotros el clamor.

Para reflexionar. ¿Descansa tu seguridad en la abundancia de la misericordia de Dios, o todavía intentas merecer el perdón que él ya ofrece gratuitamente en Cristo?

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