Significado. El Señor mismo lleva el registro de los pueblos y declara que, por pura gracia, los nacidos de naciones paganas han nacido en Sion. La ciudadanía celestial no se conquista: se otorga soberanamente.

Contexto. El Salmo 87 es un cántico de los hijos de Coré, levitas encargados del culto en el templo. Celebra a Sion, la ciudad fundada por Dios sobre los montes santos. Su contexto es la teología del culto en Israel, pero su horizonte trasciende lo nacional: en los versículos previos se nombran Rahab (Egipto), Babilonia, Filistea, Tiro y Etiopía. Los destinatarios eran adoradores que cantaban en Jerusalén, pero el Espíritu apunta a una congregación universal.

Explicación. La expresión «cuando escriba los pueblos» evoca la imagen de un censo divino, un registro en el cual Dios mismo es quien inscribe los nombres. El verbo subraya la iniciativa soberana: no son los hombres quienes se anotan, sino el Señor quien cuenta y declara «este nació allí». Desde una lectura reformada, este registro prefigura el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 21:27) y la elección eterna. El «nacer allí» no alude al nacimiento natural, sino a la regeneración: ser hecho ciudadano de Sion es obra de la gracia, no del linaje ni del mérito. Así, gentiles antes excluidos son contados como hijos de la ciudad de Dios.

Referencias relacionadas. Juan 3:3-7 sobre el nuevo nacimiento; Gálatas 4:26, donde la Jerusalén de arriba es madre de los creyentes; Hebreos 12:22-23, que habla de los inscritos en los cielos; Filipenses 4:3 y Lucas 10:20 acerca de los nombres escritos; Efesios 2:12-19 sobre los gentiles hechos conciudadanos de los santos.

Aplicación práctica. Tu pertenencia al pueblo de Dios no descansa en tu origen, tu desempeño ni tu sentir cambiante, sino en que Dios te ha inscrito. Esto produce humildad, pues nada aportaste, y firme seguridad, pues quien escribe no borra a los suyos. Vive entonces como ciudadano de Sion: arraigado en la comunión de la iglesia, agradecido por la gracia que te alcanzó, y compasivo con quienes aún están «lejos», recordando que el Señor sigue inscribiendo a personas de toda nación.

Para reflexionar. ¿Apoyas tu identidad espiritual en lo que tú haces por Dios o en el hecho de que él, soberanamente, ha escrito tu nombre en su pueblo?

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