Significado. El pueblo de Dios se regocija sin cesar en el nombre del Señor y es exaltado por su justicia, porque toda nuestra alegría y toda nuestra dignidad descansan en quién es Él, no en lo que somos.

Contexto. El Salmo 89 es un masquil atribuido a Etán ezraíta, una meditación que celebra el pacto que Dios juró a David (vv. 1-37) antes de lamentar la aparente ruina de ese pacto (vv. 38-51). El versículo 16 pertenece a la sección gozosa que describe a la nación dichosa que conoce el júbilo del Señor (v. 15). Fue compuesto para Israel, el pueblo de la alianza, probablemente en horas de prueba en que la promesa parecía contradecir la experiencia, y enseña al creyente a fundar su esperanza en la fidelidad pactual de Dios.

Explicación. «En tu nombre se alegran todo el día» señala que el objeto del gozo es el carácter revelado de Dios; el nombre resume su ser, sus atributos y sus obras. El verbo apunta a una alegría continua, no a un sentimiento pasajero. «Y en tu justicia son enaltecidos» une gozo y exaltación: el pueblo es levantado no por mérito propio sino por la justicia de Dios, esa rectitud con que Él guarda su pacto y vindica a los suyos. Desde la perspectiva reformada, aquí late la justicia imputada que culmina en Cristo: somos enaltecidos en una justicia ajena, recibida por gracia mediante la fe. La soberanía divina es la raíz; la respuesta del pueblo es el fruto.

Referencias relacionadas. El gozo en el nombre de Dios resuena en Salmos 5:11 y Filipenses 4:4. La exaltación por su justicia anticipa Jeremías 23:6, «el Señor, justicia nuestra», y halla cumplimiento en 1 Corintios 1:30-31, donde Cristo es hecho justicia nuestra para que «el que se gloría, se gloríe en el Señor». Romanos 5:11 muestra al redimido gloriándose en Dios por medio de Cristo.

Aplicación práctica. El creyente moderno halla aquí un ancla contra una fe basada en emociones cambiantes o en logros personales. Cuando las circunstancias amenazan, como en la segunda mitad del salmo, el gozo no se apoya en lo visible sino en el nombre inmutable de Dios. Glorifíquese usted en su justicia y no en la propia: deje que su identidad y su dignidad broten de ser hijo amado en Cristo. Así la alabanza «todo el día» se vuelve un estilo de vida, no un estado de ánimo.

Para reflexionar. ¿En qué busco yo ser enaltecido cada día: en mis propios méritos y reconocimientos, o en la justicia que Dios me concede gratuitamente en Cristo?

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad