Significado. Ningún trono de iniquidad puede aliarse legítimamente con Dios, porque Él jamás amparará la injusticia que se disfraza de ley. El justo soberano del universo no es cómplice de los opresores que pervierten el derecho.

Contexto. El Salmo 94 pertenece al quinto libro del Salterio y es un clamor de la comunidad pactual frente a gobernantes inicuos que oprimen al pueblo de Dios. Aunque su autor humano permanece anónimo, la tradición lo asocia al período en que Israel sufría bajo magistrados corruptos. El salmista invoca a Dios como «el Dios de las venganzas» (v. 1), confiando en que el Juez de toda la tierra hará justicia a los afligidos, viudas y huérfanos pisoteados por el poder.

Explicación. El versículo formula una pregunta retórica cuya respuesta es un rotundo «no». La frase «trono de iniquidad» (en hebreo, kissé hawwot) designa el poder político que dicta opresión «por medio de ley», es decir, que reviste la maldad con apariencia de legalidad. El verbo traducido «tener compañerismo» (yajbor) sugiere alianza o comunión. La lectura reformada subraya aquí la santidad absoluta de Dios: su soberanía no es arbitraria sino justa, y por ello es incompatible con todo poder que legitime el mal. Dios gobierna sobre los gobernantes (Westminster afirma su providencia universal), pero jamás se hace partícipe de su pecado; permite la injusticia sin aprobarla, ordenándola a sus fines redentores.

Referencias relacionadas. Isaías 10:1 denuncia a los que «dictan leyes injustas». Romanos 13:1-4 enseña que la autoridad existe por designio divino, mas para el bien, no para la opresión. Hechos 4:19 muestra a los apóstoles negándose a obedecer un mandato inicuo. Salmos 2 y Apocalipsis 19 anuncian a Cristo, el Rey justo, que quebrantará todo trono rebelde.

Aplicación práctica. El creyente no debe desesperar ante estructuras de poder que institucionalizan la injusticia. Dios ve y no se asocia con la maldad legalizada; su juicio es seguro aunque tarde. Esto nos llama a la obediencia civil sin idolatría del Estado, a denunciar la opresión con valentía y a refugiarnos en la justicia perfecta de Cristo, único trono que une soberanía y rectitud.

Para reflexionar. ¿Dónde, en mi entorno, se está revistiendo la injusticia con el manto de la legalidad, y confío realmente en que Dios no será cómplice de ello?

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