Significado. El Dios que formó el oído y plasmó el ojo no puede ser sordo ni ciego ante la injusticia; el Creador conoce y juzga todo lo que ha hecho.

Contexto. El Salmo 94 pertenece al cuarto libro del Salterio y se dirige al «Dios de las venganzas», clamando contra los soberbios que oprimen al pueblo del pacto. Aunque anónimo, refleja la piedad de Israel bajo opresión, cuando los impíos afirmaban: «No verá Jah» (v. 7). Los destinatarios son los justos perseguidos que necesitan recordar que la aparente pasividad de Dios no es ignorancia ni impotencia, sino soberana paciencia.

Explicación. El versículo emplea un argumento «del menor al mayor»: «El que plantó el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?». El verbo «plantar» (natá) y «formar» (yatsar) aluden a la actividad creadora deliberada de Dios sobre el hombre (Génesis 2:7). La lógica reformada es contundente: el Creador no puede carecer de las perfecciones que confiere a sus criaturas. Si Él otorgó la capacidad de oír y ver, posee esos atributos en grado infinito y absoluto. Aquí se afirma la omnisciencia divina como corolario de su soberanía creadora: nada escapa al conocimiento de quien sostiene todas las cosas por la palabra de su poder.

Referencias relacionadas. El argumento resuena en Proverbios 20:12, «el oído que oye y el ojo que ve, ambas cosas igualmente ha hecho Jehová». La omnisciencia divina se expande en el Salmo 139:1-4 y en Hebreos 4:13, donde todas las cosas están «desnudas y abiertas» a sus ojos. Jesús confirma este cuidado providencial en Mateo 10:29-30, y Pablo lo lleva al juicio final en Romanos 2:16, cuando Dios juzgará lo secreto de los hombres.

Aplicación práctica. Vivimos rodeados de quienes practican el mal suponiendo que Dios no observa. Este versículo desmonta toda ilusión de impunidad y consuela al creyente perseguido: el Señor ve cada lágrima y oye cada gemido oculto. Como enseña la Confesión de Westminster sobre la providencia, nada ocurre fuera del decreto y la mirada de Dios. Por ello podemos confiar nuestra causa al Juez justo, vivir con integridad delante de su rostro (coram Deo) y resistir la tentación de tomar venganza por nuestra propia mano.

Para reflexionar. Si reconoces que el Dios que formó tu oído y tu ojo escucha y observa cada acto secreto de tu vida, ¿qué cambiaría hoy en tu manera de actuar cuando crees que nadie te ve?

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