Como el Hijo del hombre. Es decir, a nuestro Salvador Cristo, sentado sobre una nube blanca, con una corona de oro y en su mano una hoz afilada. Y otro ángel, deseándole hacer justicia, metiendo su hoz, porque la mies de la tierra estaba madura, seca y marchita; es decir, los malvados, listos para el castigo. Lo mismo está nuevamente representado por la hoz, que se dice que se pone en los racimos de la viña: y fueron arrojados al gran lagar, o lago de la ira de Dios, al infierno, donde se dice que la sangre es llega hasta las bridas de los caballos, por mil seiscientos estadios: una forma metafórica de expresar los grandes tormentos de los impíos en el infierno. Pero pretender desde aquí dar las dimensiones justas del infierno es una conjetura infundada; de los cuales ver Cornelius a Lapide. (Witham)

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