Un sueño. Estos sueños de José eran proféticos y enviados por Dios, al igual que los que él interpretó, cap. SG. y xli .; de lo contrario, en general, la observación de sueños es condenada en la Escritura como supersticiosa y pecaminosa. Ver Deuteronomio xviii. 10, y Eclesiástico xxxiv. 2, 3.

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