Por eso os digo, etc. Nuestro Señor procede paso a paso en su discurso, para inculcar una virtud más perfecta. Antes nos había exhortado a protegernos de las fatales rocas de la avaricia, y luego se sumó a la parábola del hombre rico; insinuando así de qué insensatez es culpable el hombre que aplica todos sus pensamientos únicamente a la acumulación de riquezas. Luego procede a informarnos que no debemos ser solícitos ni siquiera por las necesidades de la vida: deseando con este discurso erradicar nuestra malvada propensión a la avaricia. (Teofilactus)

Continúa después de la publicidad
Continúa después de la publicidad