Y Eliseo oró y dijo: Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea, para que sus ojos físicos vean lo que su espíritu debería haber conocido. Y el Señor abrió los ojos del joven; y vio lo que normalmente se ocultaba a los ojos de los mortales; y he aquí, la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo; las huestes de los ángeles celestiales habían sido enviadas para protegerlo.

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