El alma que pecare, morirá, cada persona en el mundo será considerada responsable de sus propios actos. El hijo no cargará con la iniquidad del padre, de modo que la culpa de su padre le sea imputada, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo; la justicia del justo será sobre él, de modo que el que es justo, aunque sólo sea en virtud de la justicia de Cristo que se le imputa, recibirá la recompensa de la justicia, y la iniquidad de los impíos será sobre él, así que se ve obligado a soportar su castigo. De esta manera, el Señor declaró el principio de Su justicia vengativa, un principio que Él siempre ha seguido en todos Sus tratos con los hombres.

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