Y Jacob alzó los ojos y miró, y he aquí venía Esaú, y con él cuatrocientos hombres. Jacob se había unido a su caravana y continuó su marcha. Ya no esperaba la llegada de Esaú con aprensión ansiosa, sino con alegre expectación. Y repartió los niños entre Lea, Raquel y las dos siervas.

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