Y ahora eres maldito de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. La maldición de Dios cayó sobre Caín de tal manera que le negó una forma de sustento mediante la labranza de la tierra, el trabajo con el que hasta ahora había ganado su sustento. Debido a que la tierra se había visto obligada a abrir bien la boca, en el acto de tragar la sangre inocente de Abel, la tierra ahora se rebeló contra el asesino, negándose a servirle como antes.

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