Y sucedió que mientras ellos huían de Israel, y bajaban a Bet-horón, donde las colinas convergen en las llanuras de Filistea, el Señor arrojó del cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, en un terrible tormenta de granizo, y murieron; Fueron más los que murieron con granizo que los que mataron a espada los hijos de Israel. Los israelitas debían ver y comprender que no fue su propia fuerza, sino la ayuda divina de Jehová, lo que les dio la victoria.

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