En aquellos días no había rey en Israel, pero cada uno hacía lo que bien le parecía. El autor añade esta nota para dar una razón de las condiciones aquí descritas, a saber, la ausencia de una autoridad civil central. El pecado de Miqueas se comete a lo largo y ancho de los llamados países civilizados, tanto por burda como por fina idolatría.

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