Entonces el hombre traerá su mujer al sacerdote, y le traerá su ofrenda por ella, la décima parte de un efa de harina de cebada; no derramará aceite sobre ella, ni pondrá sobre ella incienso; porque es una ofrenda de celos, una ofrenda conmemorativa, que trae a la memoria la iniquidad. Este pasaje se incluye en este punto de la legislación porque se refería a la preservación de la pureza de la nación como ejército de Jehová.

La sospecha del marido, justificada o no, puso en peligro la vida de la familia, y si el hombre, en un ataque de ira, se inclinó a repudiar a su esposa, aunque ella era inocente, o si, en caso de que fuera culpable, le guiñó un ojo. ante su transgresión y siguió viviendo con ella, aunque la consideraba una ramera común, el peligro para la moral de la nación era el mismo.

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