La última sección de la revelación del profeta de la justicia de la reprobación consiste en su lamento por los príncipes caídos de Judá. Primero se refirió a Joacaz, el hijo y sucesor de Josías, quien fue llevado cautivo a Egipto. Su madre, Judá, describió el profeta como una leona acurrucada entre leones y alimentando a sus cachorros. Uno de ellos fue atrapado y llevado a Egipto. La madre, decepcionada, se llevó a otro de sus cachorros.

La referencia aquí es, sin duda, a Joaquín, quien, después de un breve reinado en el que obtuvo ciertas victorias, fue llevado cautivo a Babilonia.

El último momento del lamento tiene que ver con el fracaso de Sedequías y la ruina que causó. La madre ahora se compara con una vid que una vez fue fructífera, y de la cual brotaron fuertes varas como gobernantes. Su estado actual se describe a continuación en contraste. Arrancada con furia, cesaron sus poderosos gobernantes, y de sus varas salió un fuego que destruyó. Es decir, la destrucción final de Judá había llegado a través de aquellos que la gobernaban, y la referencia indudablemente era a Sedequías.

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