La condenación de los dos tuvo que ver con Tiro y Sidón, pero principalmente con Tiro. En cuanto a ella, el profeta primero hizo una declaración general describiendo su pecado, y el juicio se determinó en su contra, declarando que el propósito era que ella también conociera a Jehová. El pecado de Tiro finalmente se había expresado en su regocijo por la caída de Jerusalén y su expectativa de enriquecimiento de ella. A causa de esto, el profeta declaró que Jehová estaba en contra de Tiro, y que la destruiría tan completamente que no sería más que una roca desnuda sobre la que los pescadores tendrían sus redes.

Luego procedió a describir en detalle el proceso de juicio. Nabucodonosor vendría con sus ejércitos y sus máquinas de guerra y destruiría por completo la ciudad, saqueando sus riquezas y echando toda su gloria por el polvo. Tan terrible sería su caída que todos los príncipes del mar se llenarían de miedo y asombro, y se lamentarían por ella.

Esta profecía se cumplió con absoluta precisión en los detalles. El relato histórico de la caída de Tiro es una lectura notable a la luz de la predicción de Ezequiel.

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