La última sección del Libro de Levítico se ocupa de establecer las leyes relativas a las señales externas en la tierra de la prueba de posesión, junto con ciertas promesas y advertencias, todas terminando con instrucciones relativas a hacer y observar los votos.

Las señales que afectaron a la tierra fueron, primero, el sábado de la tierra y, segundo, la redención en el año del jubileo. Estos signos sirvieron para mantener ante la gente el hecho de que Dios es el Dueño y Poseedor original de la tierra y que ningún hombre puede tratarla como absolutamente suya. En el año del jubileo se insistió en las grandes interrelaciones humanas. Las leyes de este año de jubileo se establecen cuidadosamente ya que afectan la tierra, las viviendas y las personas.

Lo único a lo que un hombre tiene derecho en la tierra es lo que resulta de su propio trabajo. En el año del jubileo, además, el esclavo debía ser liberado, recordando así a los hombres que no podían tener una propiedad absoluta y final en ningún ser humano. La ley, además, estipulaba enfáticamente que durante el período de servidumbre, el esclavo no debía ser gobernado con rigor. En estas leyes se sentaron firmemente los cimientos del orden social. Las relaciones interhumanas tanto de propiedad como de posesión estaban condicionadas por el hecho fundamental de la relación con Dios.

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