Una tercera manifestación de descontento y rebelión surgió entre individuos y líderes. El matrimonio de Moisés con una mujer cusita fue la ocasión de la revelación de un elemento de celos en los corazones de Miriam y Aarón. Resintieron el ejercicio de la autoridad de Moisés, evidentemente deseando compartirla con él en mayor grado.

Una vez más, la historia ilustra un principio. Si hay maldad oculta, tarde o temprano ocurrirán circunstancias en las que se manifestará externamente.

El método divino de lidiar con este brote fue severo y majestuoso. Los transgresores fueron convocados a comparecer ante Jehová y, en términos más claros, Él vindicó a Su siervo. Evidentemente, la culpa principal se le atribuye a Miriam, ya que Aaron está aquí, constantemente, débil y fácilmente influenciable. El golpe cayó sobre ella. Después de siete días fue restaurada. Dios está siempre dispuesto a perdonar. Sin embargo, la advertencia fue solemne y severa, mostrando que no se podía tolerar la rebelión de los líderes de la nación.

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