Y mientras él iba, tendían sus mantos por el camino.

Luego se extendieron las vestiduras en el camino delante del pollino para que Jesús lo pasara. Esta era una forma habitual de mostrar honor a alguien importante. La literatura rabínica ofrece paralelismos, y Plutarco nos dice que cuando Cato Minor dejó sus tropas, extendieron sus ropas a sus pies. Esto fue un claro indicio de la suprema importancia del jinete y el honor en el que se le celebró (ver 2 Reyes 9:13 donde lo mismo le sucedió a Jehú).

Tal acción puede indicar el derecho del rey a poseer sus posesiones, o la idea puede haber sido la de mantener la pureza del asno y evitar que se ensucie con el terreno común. Pero todo sobre el incidente indica su conexión con la proclamación de la realeza a los que lo saben.

En Lucas 19:11 nos dijo que estaban esperando que este momento en particular de la entrada de Jesús a Jerusalén tendría consecuencias mesiánicas. Sin embargo, esta era una idea que Jesús había desanimado. Quizás ahora comenzaban a tener la esperanza de que pudiera ser así. Pero Jesús estaba haciendo todo lo posible para dejar en claro que no había nada de belicoso en ello.

Quería que fuera más el reconocimiento de un rey que venía en paz que la proclamación de un Mesías guerrero. Había venido a Jerusalén con su mensaje de salvación proclamado a través de sus palabras.

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