Proverbios 17:20

Con estas palabras se reprenden dos cosas malas: la primera es un mal espíritu y la segunda es un mal hábito; el primero es el espíritu hosco y gruñón del descontento, que mata toda alegría cordial y cordial; el segundo es el vicioso hábito de la charla frívola desenfrenada, que destruye todo el compañerismo alegre y amoroso.

I. De todas las faltas de nuestro tiempo, ninguna es más notoria que esta torpeza de corazón que Salomón denuncia en nuestro texto. Todos somos críticos, y todos imaginamos que tenemos derecho a tener una opinión sobre todas las cosas. El vicio de la época es un espíritu de detracción. Tal espíritu, dice Salomón, no halla bien.

II. El hombre cautivo nunca es el que ama, y ​​el hombre que no ama nunca puede ser como Cristo. Él vino entre nosotros no para excitarnos a una inquieta velar por el mal, sino para recordarnos que había una redención prometida del mal, y para realizar esa redención para nosotros.

III. Recuerda que, cuanto más estúpidos y aburridos seamos, más dificultades encontramos; y cuanto más nos apartamos de la virtud, más penetrante es nuestro olor al vicio. El hombre que siempre está atento a lo que está mal, gradualmente perderá su interés en lo que es perfecto, hasta que todo lo que es simplemente puro, amable, verdadero y hermoso le parecerá manso e insípido. El corazón perverso, que siempre está al acecho de las fallas y los fracasos, continúa necesitando estas cosas como su alimento diario, y finalmente se pone frenético cuando no hay ninguna falla que encontrar.

A. Jessopp, Norwich School Sermons, pág. 210.

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