1-5 En ocasión del terrible juicio infligido a Israel por el pecado de David, Dios señaló el lugar donde tendría que construirse el templo. A raíz de esto, David se mostró emocionado por preparar todo para esta gran obra. Aunque a David no se le permitió construirlo, hizo todo lo posible y se preparó abundantemente antes de su muerte. Lo que encontremos en nuestras manos para hacer por Dios, nuestras almas y aquellos que nos rodean, hagámoslo con todo nuestro empeño antes de nuestra muerte, porque después de la muerte no hay plan ni acción posible. Y cuando el Señor se niegue a emplearnos en esos servicios que anhelábamos, no debemos desanimarnos ni ociosos, sino hacer lo que podamos, aunque sea en un ámbito más humilde.

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