17-21 El séptimo y último ángel derramó su copa, y la caída de Babilonia se consumó. La iglesia triunfante en el cielo lo vio y se regocijó; la iglesia en conflicto en la tierra lo vio y se volvió triunfante. Dios se acordó de la grande y malvada ciudad, aunque por algún tiempo pareció haber olvidado su idolatría y crueldad. Todo lo que era más seguro se lo llevó la ruina. Los hombres blasfemaron: los mayores juicios que pueden sobrevenir a los hombres, no llevarán al arrepentimiento sin la gracia de Dios. Endurecerse contra Dios, por sus justos juicios, es una señal cierta de destrucción segura y total.

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