13-18 La espada de la guerra debería perdonar a mujeres y niños; pero la espada de la justicia no debería distinguir, sino la de culpable o no culpable. Esta guerra fue la ejecución de una sentencia justa contra una nación culpable, en la cual las mujeres eran los peores criminales. Las niñas se salvaron, quienes, criadas entre los israelitas, no las tentarían a la idolatría. Toda la historia muestra el odio del pecado y la culpa de tentar a otros; nos enseña a evitar toda ocasión de maldad, y a no dar cuartel a las lujurias internas. Las mujeres y los niños no fueron retenidos para propósitos pecaminosos, sino para esclavos, una costumbre que se practicaba en otros tiempos, como cautivos. En el curso de la providencia, cuando el hambre y las plagas visitan una nación por el pecado, los niños sufren en la calamidad común. En este caso los padres son castigados en sus hijos; y para los niños que mueren antes del pecado real, la misericordia de Dios en Cristo hace provisión completa en cuanto a su felicidad eterna.

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